Cuando yo empecé en esto del periodismo, a mediados de 1990, él hacía tres años que estaba al frente del departamento de prensa del Automóvil Club Argentino, entidad en la que ingresó en 1968 como empleado de la oficina de Liquidación de Siniestros. No fuimos amigos, pero teníamos una relación de mutuo respeto.
Si yo necesitaba de su ayuda, me la daba. Si tenía alguna consulta que hacerle, me dispensaba el tiempo que fuese necesario. Y siempre me invitaba a que pase por el cuarto piso a tomar un café.
En los últimos años su salud se fue deteriorando. Pero le ponía garra a su trabajo. Ya sea en el Rally de la Argentina o en los 200 Kilómetros de Buenos Aires, siempre estaba al pie del cañón.
Si yo necesitaba de su ayuda, me la daba. Si tenía alguna consulta que hacerle, me dispensaba el tiempo que fuese necesario. Y siempre me invitaba a que pase por el cuarto piso a tomar un café.
En los últimos años su salud se fue deteriorando. Pero le ponía garra a su trabajo. Ya sea en el Rally de la Argentina o en los 200 Kilómetros de Buenos Aires, siempre estaba al pie del cañón.
Se sentía orgulloso del Gran Premio Histórico, porque fue uno de los que le puso el hombro para que esta joven carrera se convirtiera en un clásico entre las pruebas de regularidad. Recuerdo cuando me dijo, con cierto dejo de orgullo, “este año ya está en el calendario de la FIA”.
Hoy a las 9.45 de la mañana se fue para siempre. Tenía 63 años y se llamaba Hugo Vázquez.




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